‘Romería‘, dirigida por Carla Simón, es otro de los largometrajes nominados a los Premios Goya 2026. El film se articula en torno al viaje de Marina, una joven que se desplaza a Vigo con un objetivo aparentemente concreto y práctico: ser reconocida legalmente por la familia paterna para poder acceder a una beca que le permita continuar sus estudios. Sin embargo, ese desplazamiento físico se convierte pronto en un recorrido mucho más complejo y profundo, en el que la protagonista se enfrenta a la reconstrucción de su propia identidad y a un pasado familiar marcado por silencios, contradicciones y heridas no resueltas.
Un relato íntimo marcado por el estigma de la época

La película construye su relato a partir de una estructura que combina la voz de Marina con los fragmentos del diario de su madre y el testimonio fragmentado de la familia paterna. Esta superposición de miradas y versiones permite a Carla Simón explorar cómo la memoria se deforma con el tiempo, especialmente cuando está atravesada por el miedo, la culpa o el estigma. La verdad no se presenta como un bloque cerrado, sino como un terreno inestable, condicionado por aquello que se decidió ocultar o suavizar en un contexto social poco dispuesto a afrontar determinadas realidades.
El film se sitúa en una época en la que determinadas enfermedades estaban profundamente estigmatizadas y suponían un fuerte elemento de exclusión social. ‘Romería’ refleja con sensibilidad cómo ese rechazo no solo afectaba a quienes las padecían, sino también a su entorno más cercano, condicionando relaciones familiares, discursos y formas de recordar. A ello se suma la presencia de las drogas, muy vinculadas a ese periodo histórico, que funcionan no solo como contexto, sino como un elemento clave en la construcción de las ausencias y los vacíos que rodean la historia de Marina. Todo ello conforma un retrato generacional que conecta la búsqueda individual de identidad con un marco social claramente definido.
La narración avanza de forma contenida y pausada, siguiendo la línea habitual del cine de Simón, más interesada en los procesos emocionales que en los giros dramáticos explícitos. Marina se adentra en esta investigación casi sin proponérselo, guiada por pequeñas revelaciones que la empujan a seguir preguntando y a enfrentarse a una herencia emocional que desconocía. La película destaca por su capacidad para mostrar esa evolución interna de manera progresiva y orgánica, sin subrayados innecesarios.
Llúcia Garcia sostiene firmemente el peso del protagonismo

En el apartado interpretativo, Llúcia Garcia sostiene con solvencia el peso narrativo del film. Su interpretación de Marina es contenida y creíble, acorde con un personaje que observa más de lo que habla y que procesa la información desde la introspección. El reparto que la acompaña, en su mayoría poco conocido, cumple con solidez y aporta naturalidad a un conjunto que apuesta por el realismo y la sobriedad.
Cinematografía correcta, pero poco arriesgada

Donde la película resulta menos destacable es en el apartado visual. La cinematografía es correcta y funcional, con buenas localizaciones y una planificación coherente, pero no alcanza un nivel especialmente memorable. Algunos momentos, en particular aquellos relacionados con el consumo de drogas o con estados alterados, parecen pedir una propuesta visual más arriesgada o expresiva que termine de reforzar lo que se está narrando desde el punto de vista emocional. La banda sonora acompaña adecuadamente el tono del film, aunque sin llegar a convertirse en un elemento especialmente distintivo.
En conjunto, ‘Romería’ es una propuesta sólida y coherente, que aborda la construcción de la identidad desde una mirada íntima y contextualizada, apoyándose en una estructura narrativa cuidada y en un tratamiento respetuoso de temas complejos. Sin ser la obra más potente de Carla Simón en términos formales, sí destaca por su honestidad, su sensibilidad y su capacidad para conectar lo personal con lo histórico de manera contenida y reflexiva.
