‘Sirât‘, de Oliver Laxe, se ha planteado como una de las películas más comentadas del panorama audiovisual español reciente, impulsada tanto por su nominación a los Premios Óscar 2026 como por su presencia destacada entre las candidatas a los Premios Goya 2026. Este reconocimiento la ha situado en el centro del debate crítico, no tanto por su vocación de gran público como por su apuesta radical y singular dentro del cine español contemporáneo.
Desde sus primeros minutos, la película se plantea como una experiencia cinematográfica intensa y exigente. No es un largometraje diseñado para una recepción pasiva, sino una obra que demanda atención, interpretación y una cierta disposición a aceptar la ambigüedad. Su propuesta narrativa y formal deja claro desde el inicio que no busca acomodarse a los códigos clásicos del relato ni ofrecer respuestas inmediatas.
Uno de los elementos clave para comprenderla es el propio significado de la palabra sirât, concepto simbólico que vertebra el conjunto del film. El desconocimiento de esta referencia puede dificultar la lectura del relato, ya que muchas de las decisiones narrativas se apoyan más en lo alegórico que en lo literal. Entendida desde este prisma, la película adquiere una coherencia interna más clara, aunque no por ello se vuelve necesariamente accesible.
Imagen y sonido como ejes del relato

En el apartado visual, destaca de manera contundente. La puesta en escena es poderosa y extremadamente cuidada: cada plano está trabajado con una precisión notable, construyendo una atmósfera envolvente que sostiene gran parte del peso del film. La fotografía y la composición convierten el viaje en una experiencia sensorial constante, reforzada por una banda sonora especialmente inspirada. La música no actúa como mero acompañamiento, sino como un elemento narrativo más, subrayando el carácter hipnótico y casi trance de la propuesta. Imagen y sonido se consolidan así como los grandes pilares de la película.
Narrativamente compleja

Narrativamente la película adopta un enfoque deliberadamente arriesgado. La premisa inicial, que parece marcar el rumbo del relato y articular su punto de partida, se va diluyendo progresivamente hasta desaparecer. Esta decisión puede generar desconcierto, ya que el espectador se ve obligado a replantear continuamente qué historia se está contando y desde qué lugar. Aun así, el film logra mantener el interés mediante una tensión latente, apoyada en la expectativa de comprender el sentido último del recorrido que propone.
El tramo final rompe de manera clara con cualquier expectativa de cierre convencional. ‘Sirât’ no ofrece respuestas explícitas ni conclusiones narrativas tradicionales, sino que opta por un desenlace abierto y profundamente simbólico. Este final se inscribe en una lógica de tránsito y suspensión, en la que conceptos como el abandono del control, el paso por un estado intermedio y la aceptación de lo inevitable adquieren un peso central. Es una elección coherente con el planteamiento general de la obra, aunque puede resultar desconcertante para parte del público.
Esta complejidad la convierte en una película difícil de interpretar y, en consecuencia, también difícil de disfrutar para quienes no conecten con su lenguaje simbólico. No es una obra complaciente ni pensada para un consumo inmediato. Su radicalidad formal y narrativa puede funcionar como un valor añadido para algunos espectadores, pero también como una barrera para otros.
Una experiencia cinematográfica alegórica

En cuanto al reparto, la película no se apoya en nombres especialmente reconocibles y cuenta con intérpretes de distintas procedencias. Las actuaciones son correctas y funcionales, integradas de manera orgánica en el conjunto, aunque no constituyen uno de los principales focos de interés del film, que prioriza claramente lo sensorial y lo conceptual sobre el lucimiento interpretativo.
En definitiva, ‘Sirât’ es una experiencia cinematográfica poderosa en lo estético y lo sonoro, pero profundamente exigente en lo narrativo. Una obra ambiciosa, hipnótica y deliberadamente abstracta, que gana sentido cuando se aborda desde su dimensión simbólica, pero que puede dejar fuera a quienes busquen una historia cerrada o un relato más convencional. Una película que invita más a ser atravesada y reflexionada que simplemente comprendida.
